“Debo
reconocerlo: soy su prisionero. Mi idea original era distinta: yo dominaría al
Chac Mool, como se domina a un juguete”.
(Carlos Fuentes, “Chac Mool”, paquete del curso 57)
Este cuento me hizo sentir
muy incómodo a veces. No me gustaba que una estatua tuviera más poder que un
hombre. Me preguntaba cómo un objeto sin vida podía tener tan grande influencia
sobre la mente de un humano. ¿Era loco de verdad Filiberto? ¿Aun si el Chac
Mool realmente tenía vida, porque no lo podía controlar Filiberto? ¿No era éste
más grande y más fuerte que aquello? Cuando leí la cita anterior, tuve una
revelación: el Chac Mool, siendo el dios de la lluvia, es una incarnación o una
representación de las fuerzas de la naturaleza.
Sentimientos de impotencia
ante la naturaleza es algo común entre todos los humanos. Pienso que la
desesperación y la impotencia que yo me sentía por Filiberto reflejan los
sentimientos primitivos que la raza humana tiene sobre las fuerzas de la
naturaleza, y esto me ayuda a hacer una conexión con el protagonista. Podemos
estudiar la naturaleza, predecir catástrofes, y aun aprovecharnos de su poder.
A veces disfrutamos su belleza y a veces nos llena de espanto. Filiberto
también disfrutó los cuentos del Chac Mool y fue abusado por él.

No existen muchas cosas más
ponderosas que la naturaleza. No podemos pararla ni cambiarla. Tal vez por eso
se asocia frecuentemente con el poder de Dios. En el libro de Doctrina y
Convenios, el Señor dice:
“Tan
inútil le sería al hombre extender su débil brazo para contener el río Misuri
en su curso decretado, o volverlo hacia atrás, como evitar que el Todopoderoso
derrame conocimiento desde el cielo sobre la cabeza de los Santos de los
Últimos Días”.
(Doctrina y Convenios 121:33)
Es difícil conceptualizar el gran poder de
Dios. Por tanto, la naturaleza se nos da por ejemplo de algo omnipotente.





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