sábado, 16 de marzo de 2013

Riesgo y Recompensa


“Mis actos me llevan a uno de mis tres porvenires: la compañía de la mujer, la soledad…, la horrorosa justicia”.
(Adolfo Bioy Casares, La Invención de Morel 22)

Me parece que el concepto de riesgo y rentabilidad (o en este caso, yo diría que “riesgo y recompensa” es una traducción mejor, ya que no todos los premios son monetarios) es prominente en el libro de Bioy Casares. Este semestre estoy cursando una clase de finanzas, y hemos hablado mucho de las inversiones. La idea principal es que, en el mundo real, no se gana nada gratis. Si quieres ganar dinero de una inversión hay un nivel de riesgo que tienes que aceptar. Hay maneras de minimizar el riesgo, pero siempre existe. Y si buscas una recompensa grande, tienes que aceptar un alto nivel de riesgo.

Pienso en el fugitivo, que temía la esperanza. Al principio, ni estaba dispuesto de revelarse a los “intrusos” de la isla. ¿Cuál fue la recompensa por eso? Pero cuando vio a Faustine le dio esperanza, hasta que estuvo dispuesto a acercarse a ella. Por la recompensa que sus acciones pudieran ofrecer, aceptó el riesgo asociado, como indica la cita que usé. El fugitivo no sabía qué le iba a pasar al revelarse a esta extranjera. Tenía la posibilidad de ganar la cercanía a esa mujer, pero también la posibilidad de ser encarcelado. Meditaba en las consecuencias y juzgó que valía la pena hablarle.

La historia de Morel y sus sujetos también es una historia de riesgo y recompensa. Sabían que iban a morir algún día y arriesgaron unos años de su vida y todo lo que pudieran haber hecho con ese tiempo por la posibilidad de una forma de inmortalidad. ¿Es sabio esto? El problema con el riesgo es que no podemos saber anteriormente qué resultado tendrán nuestras decisiones. Siempre hay incertidumbre. Sólo ellos sabrán si el riesgo que aceptaron producirá la recompensa que esperan.  

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