“Mis
actos me llevan a uno de mis tres porvenires: la compañía de la mujer, la
soledad…, la horrorosa justicia”.
(Adolfo Bioy Casares, La
Invención de Morel 22)
Me parece que el concepto de
riesgo y rentabilidad (o en este caso, yo diría que “riesgo y recompensa” es
una traducción mejor, ya que no todos los premios son monetarios) es prominente
en el libro de Bioy Casares. Este semestre estoy cursando una clase de
finanzas, y hemos hablado mucho de las inversiones. La idea principal es que,
en el mundo real, no se gana nada gratis. Si quieres ganar dinero de una
inversión hay un nivel de riesgo que tienes que aceptar. Hay maneras de
minimizar el riesgo, pero siempre existe. Y si buscas una recompensa grande,
tienes que aceptar un alto nivel de riesgo.
Pienso en el fugitivo, que
temía la esperanza. Al principio, ni estaba dispuesto de revelarse a los
“intrusos” de la isla. ¿Cuál fue la recompensa por eso? Pero cuando vio a
Faustine le dio esperanza, hasta que estuvo dispuesto a acercarse a ella. Por
la recompensa que sus acciones pudieran ofrecer, aceptó el riesgo asociado,
como indica la cita que usé. El fugitivo no sabía qué le iba a pasar al
revelarse a esta extranjera. Tenía la posibilidad de ganar la cercanía a esa
mujer, pero también la posibilidad de ser encarcelado. Meditaba en las
consecuencias y juzgó que valía la pena hablarle.
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