jueves, 7 de marzo de 2013

La Cultura Buena


“El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales”.
(Jorge Luis Borges, “Historia del Guerrero y de la Cautiva”, Jorge Luis Borges: Obras Completas 52)

¿Existe una cultura que sea mejor que las demás? Ésta es la pregunta que el cuento de Borges me hizo. Estoy seguro de que hay personas en cada nación o pueblito que suponen que su propia cultura es la buena. Pero yo no creo que haya una cultura buena en todo el mundo.












Me explico. Ciertamente creo que hay aspectos buenos de todas culturas. Pero también creo que se encuentran cosas malas en todas las culturas. Cada gente tiene sus bellezas y sus abominaciones y, sí, incluso la cultura estadounidense. Por tanto, no existe en el mundo la cultura buena.

Como sugiere Borges, todas las culturas del mundo son iguales para Dios (si decimos que la “moneda” significa la humanidad). Tal como personas individuales, las culturas no son perfectas. La única perfecta es la de Dios (que no es la cultura mormona). Pienso que todos debemos aprender de culturas extranjeras y adherirnos a los conceptos y virtudes que se hallan en ellas. Tal como lo hizo Pablo, debemos esforzarnos por “[hacernos] de todo, para que de todos modos [salvemos] a algunos” (1 Corintios 9:22).

El cuento de Borges me recordó de la buenísima película The Mission, especialmente porque el cuento de la cautiva se trata de una mujer europea que se convierte en una indígena. The Mission se trata de un hombre (Robert De Niro) que se llama Rodrigo Mendoza, que en una época cazaba a los Guaraní—un grupo de indígenos en Paraguay—para venderlos como esclavos. Después de que Rodrigo mata a su propio hermano, se siente una culpa inmensa y se ablanda su corazón. Rodrigo se junta a un grupo de clérigos y hace su penitencia. Después de subir un acantilado grande llevando su armadura, Rodrigo encuentra a las mismas personas que antes cazaba.

Rodrigo se hace un amigo fiel de los Guaraní y se sacrifica por ellos. Tal vez no tendremos que hacer lo mismo que él, pero para perfeccionarnos, sí tendremos que sacrificar una parte de nosotros, dejando nuestro egoísmo y aceptando todo lo bueno de todas culturas. 




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