jueves, 21 de febrero de 2013

La Verdadera Identidad


“…tú ves bien que yo, siendo el mismo, soy, sin embargo, otro… Desde entonces las cosas siguen siendo para mí las mismas, pero las veo con otro sentimiento.”
(Miguel de Unamuno, “El que se enterró”, Relatos de Unamuno 72)

En clase esta semana hablamos mucho de la identidad. ¿Quién soy yo? y ¿cómo sé que soy yo? Éstas son preguntas que nos hacen los cuentos de Unamuno. Ya que hemos tratado de definer la identidad y averiguar de dónde surge, siento que debo dar también mis pensamientos en cuanto a este tema importante.

El profesor Mack a menudo cita el foro dado por Michael Wesch al principio de este semestre, que se llama “The End of Wonder in the Age of Whatever.” A mí también me gustó mucho este foro. Hay una parte en particular que desde entonces ha quedado conmigo. El señor Wesch habla de un viaje en que fue a Nueva Guinea, y cuenta sus experiencias allá.

(Sólo escuche de 13:25 a 14:30)

Cuando oí esto por primera vez, era muy profundo para mí. El señor Wesch dice que nuestra identidad se nos refleja a nosotros, que no es algo inherente. No pienso que esté de acuerdo con todo lo que dice—sí creo que, por lo menos, una parte de nuestra identidad no se nos puede quitar—pero tiene mucho sentido. Ciertamente creo que las influencias externas nos ayudan a formar el concepto de nosotros mismos. Mi identidad se depende de las personas con quienes estoy. Mi familia me ve de una manera, mientras mi novia me ve de otra. Es igual con mis amigos, mis profesores, y los que enseñé en la misión. En parte, el concepto que tengo de mí mismo y la manera en que actúo son determinados por ellos.

Un ejemplo magnífico de esta idea se encuentra en Les Miserables. Al principio de la obra, Jean Valjean tiene una experiencia que cambia su concepto de sí mismo para siempre y le ofrece una vida nueva. Y todo esto pasa a causa del amor que un clérigo le mostró.


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