“Cada
uno sabe lo que piensa por dentro. Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena
fachada y armonía familiar.”
(Federico García Lorca, La casa
de Bernarda Alba: 1047-48, Aproximaciones
362)
Pienso que la cita anterior,
dicha por Bernarda Alba, resume la actitud de ésta a lo largo de la obra. Bernarda
piensa lo que quiere pensar de su familia. Se enoja cuando La Poncia le habla
de sus sospechas. Le importa más a Bernarda lo que los vecinos dicen de su
familia que la realidad de su vida familiar. Esto se evidencia al final de la
obra, cuando Bernarda se preocupa más por la opinión de la gente que por el
hecho de que su hija está muerta.
En mi clase de sistemas
políticas del Medio Oriente, hemos hablado del conflicto israelí-palestino. Hay
grupos en Israel que quieren mitigar este conflicto y hacen mucho bien. Un
enfoque común de estes grupos es ayudar a gente a ver el “enemigo” más como un
humano—como sí mismos. Esta táctica crea disonancia cognitiva en los sujetos.
Ven que el “enemigo” es humano—que tiene sueños, que sufre dolores y tristeza,
que puede hacer cosas muy buenas—y esto no se conforma con sus prejuicios.
Ahora, hay dos cosas que uno
puede hacer para aliviarse de la disonancia cognitiva. O puede aceptar la nueva
información y cambiar su comportamiento y manera de pensar, o puede justificarse
y decirse que sus acciones son justas. Obviamente, los que siguen el primer
curso se pacifican y no tienen opiniones tan fuertes contra el enemigo, pero
los otros no cambian.
Bernarda es una persona del segundo
tipo. Se dice cosas para justificarse a ella misma y a sus hijas, y suprime la
realidad. De esta manera puede aliviarse de la disonancia cognitiva y mantener
su fachada ante el mundo.
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