“A
fin de cuentas todo es tan imaginario como esta situación absurda que nos ha
tocado vivir a usted y a mí durante estos últimos días”.
(Juan José Millás, Papel Mojado
193)
Hemos hablado varias veces de
marcos—o sea, marcos de referencia. Hablamos de sueños, de libros dentro de
otros libros, de qué es la realidad. Este concepto me interesa muchísimo. Tal
vez pensamos que no aplica a nosotros—humanos reales, vivos—pero quiero mostrar
que sí se puede aplicar este concepto a nosotros. Marcos de referencia no es
solamente una técnica literaria, sino que tiene gran influencia sobre nuestras
acciones diarias. Considere este ejemplo (y perdone el lector el lenguaje):
¡Qué rápido se efectúa el
cambio de actitud y portamiento del vendedor de carros! Tan pronto como
entendió que era el sujeto de una travesura, su personaje cambió de un furioso
vendedor de carros a un consintiendo adorador de Jeff Gordon. Debemos reconocer
que todos sus sentimientos fueron auténticos. Lo que cambió era su marco de
referencia.
¿Cuántos de nosotros podemos
relacionarnos con este vendedor de carros? Pienso que en la vida experimentamos
una serie de cambios que destruyen y renuevan nuesta perspectiva. Sí pudiéramos
vernos como Dios nos ve, pienso que tendríamos una opinión muy diferente de
nosotros mismos y de toda la humanidad—y creo que esa opinión usualmente sería
mejor que la que tenemos actualmente. Por lo menos, actuaríamos en una manera
muy diferente.
En realidad, todos vivimos
dentro de un marco. A veces podemos vislumbrar el exterior del marco en que
vivimos—con gran esfuerzo—pero usualmente podemos pensar solamente en el
momento, en el presente. Para personas religiosas, esto es la importancia de la
fe. Si solamente actuáramos como si nuestro marco de referencia actual fuera el
único, estaríamos desilusionados después de esta vida.
“Y
todas las naciones que pugnen contra Sión y que la acongojen, serán como sueño
de vision nocturna; sí, les sera como al hambriento que sueña; y he aquí, come,
mas despierta y su alma está vacía; o como un sediento que sueña; y he aquí,
bebe, pero cuando despierta, está desfallecido, y su alma siente hambre; sí,
aun así sera con la multitud de todas las naciones que pugnen contra el monte
de Sión”.
(2 Nefi 27:3)