Me llamo Tomás (Tom). Así parecía
cuando llevaba el cabello más largo y unos miembros de mi familia me llamaban
“Frodo”:
Y así parezco actualmente, ya
que me pongo calvo:
Aunque extraño mi pelo largo,
perder el pelo es algo que anticipaba. Ser calvo no me hace inseguro. A lo
contrario, he visto que muchos calvos también son muy chistosos. Aspiro ser
como ellos. Quiero poder reírme de mi calvicie.
Además mi madre está muy
alegre porque siempre quería que me hiciera la raya, como hacía cuando yo era
niño. Ahora no puedo llevar el cabello como antes, pues no tengo bastante. Mirando
el pasado, pienso que estoy de acuerdo con mi mamá; me veo mejor con pelo
corto…
Ésta es mi misión:
También aprendí español, o más
bien, californiano.
Llevé dos años predicando
como misionero de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Aprendí mucho y conocí a muchos buenos amigos.
Después de regresar de la misión, trabajé por tres meses en Boston y fui a Provo para continuar mi educación.
Al empezar mis estudios en BYU tres años antes,
pensaba que quería estudiar la música y hacerme un profesor de música. Desde
niño me ha encantado la música. Según lo que dice mi familia, cuando tenía dos
años yo andaba por la casa cantando la música de Fantasia.
Todavía me encanta la música.
Sin embargo, después de regresar de la misión, no estaba tan seguro que
quisiera estudiarla por mi carrera. Cursé unas clases no musicales y me
gustaron mucho. Finalmente, decidí estudiar las relaciones internacionales, y
todavía me gusta esa especialización.
No estoy completamente seguro
que quiero hacer profesionalmente, pero me gusta aprender idiomas, y quiero
hacer algo que me dé la oportunidad de usar esa habilidad. Estoy cursando esta
clase para mejorar mi español y aumentar mi conocimiento de la cultura hispana
y latinoamericana.







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