sábado, 19 de enero de 2013

El Inalcanzable


“—Yo soy un sueño, un imposible…
—¡Oh ven; ven tú!”
(Gustavo Adolfo Bécquer, Rima XI, Aproximaciones 199)

Al principio, cuando leí esta poema tenía sentimientos negativos acerca de la actitud del autor. Me parecía muy frívolo malgastar la vida persiguiendo un sueño. De hecho, casi inmediatamente una escritura entró en mi mente:

“… todos los días de vuestra vida habéis procurado aquello que no podíais obtener, y habéis buscado la felicidad cometiendo iniquidades…”
(Helamán 13:38)


Mi reacción inicial era pensar que el buscar el inalcanzable nunca es virtuoso. Si no es puro malo, por lo menos es un derroche de tiempo. Sin embargo, al pensar un poco más en este concepto, me di cuenta de que el perseguir el inalcanzable es algo que yo he hecho con frecuencia.

Soy músico y, como tal, me encanta la disonancia. Lo más larga la disonancia hasta que se resuelva, lo más grata la resolución. Unas canciones son muy disonantes y tocando éstas uno tiene sentimientos de anhelo, pues quiere la resolución. Y cuando llegue, es como un suspiro de alivio. Una de mis canciones favoritas se me presentó en la escuela secundaria. Se llama “O Magnum Mysterium,” y me hace sentir así.



El título mismo de la canción implica algo que no se puede comprender (en latín, “magnum mysterium” significa gran misterio). Sin embargo, no importa que sea imposible de comprender. Lo importante es las emociones que evoca la canción. Tocándola o escuchándola, uno siente emociones poderosas y profundas, y aprende algo acerca de la humanidad—de qué significa ser humano.


Pienso que siempre hay un poco de tristeza cuando una persona busca “[el] sueño, [el] imposible” porque sabemos que no va a lograr lo que busca (si realmente es inalcanzable). Sin embargo, hay diferentes tipos de tristeza. En el caso de la escritura citada previamente, la tristeza de los inicuos es pura miseria porque gastan su tiempo haciendo cosas que les hacen daño y, en parte, pierden su humanidad. En el caso del músico, la tristeza es más como una nostalgia que ensancha el alma. Por tanto, algo sí se puede ganar al perseguir una meta o un deseo imposible, pero la ganancia no se halla en el fin de la búsqueda, sino en la jornada.      



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