“—Yo
soy un sueño, un imposible…
—¡Oh ven; ven tú!”
(Gustavo Adolfo Bécquer, Rima XI, Aproximaciones
199)
Al principio, cuando leí esta
poema tenía sentimientos negativos acerca de la actitud del autor. Me parecía
muy frívolo malgastar la vida persiguiendo un sueño. De hecho, casi
inmediatamente una escritura entró en mi mente:
“…
todos los días de vuestra vida habéis procurado aquello que no podíais obtener,
y habéis buscado la felicidad cometiendo iniquidades…”
(Helamán 13:38)
Mi reacción inicial era
pensar que el buscar el inalcanzable nunca es virtuoso. Si no es puro malo, por
lo menos es un derroche de tiempo. Sin embargo, al pensar un poco más en este
concepto, me di cuenta de que el perseguir el inalcanzable es algo que yo he
hecho con frecuencia.
Soy músico y, como tal, me
encanta la disonancia. Lo más larga la disonancia hasta que se resuelva, lo más
grata la resolución. Unas canciones son muy disonantes y tocando éstas uno
tiene sentimientos de anhelo, pues quiere la resolución. Y cuando llegue, es
como un suspiro de alivio. Una de mis canciones favoritas se me presentó en la
escuela secundaria. Se llama “O Magnum Mysterium,” y me hace sentir así.
El título mismo de la canción
implica algo que no se puede comprender (en latín, “magnum mysterium” significa
gran misterio). Sin embargo, no importa que sea imposible de comprender. Lo
importante es las emociones que evoca la canción. Tocándola o escuchándola, uno
siente emociones poderosas y profundas, y aprende algo acerca de la
humanidad—de qué significa ser humano.
Pienso que siempre hay un
poco de tristeza cuando una persona busca “[el] sueño, [el] imposible” porque
sabemos que no va a lograr lo que busca (si realmente es inalcanzable). Sin
embargo, hay diferentes tipos de tristeza. En el caso de la escritura citada
previamente, la tristeza de los inicuos es pura miseria porque gastan su tiempo
haciendo cosas que les hacen daño y, en parte, pierden su humanidad. En el caso
del músico, la tristeza es más como una nostalgia que ensancha el alma. Por
tanto, algo sí se puede ganar al perseguir una meta o un deseo imposible, pero
la ganancia no se halla en el fin de la búsqueda, sino en la jornada.
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