“Juventud,
divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver!”
(Rubén Darío, Canción de otoño en primavera, Aproximaciones 208)
Me parece que muchas de las
poemas que hemos leído hasta ahora en el semestre tienen que ver con la
juventud o el pasaje del tiempo. Hablamos en clase del “Soneto XXIII” de
Garcilaso de la Vega y “carpe diem.” Basicamente, de la Vega quiere decir que
las mujeres deben aprovecharse de su juventud porque la vida es corta. El
“Soneto CLXVI” de Luis de Góngora tiene un tema similar.
En el poema “A su retrato,”
Sor Juana habla de “los horrores [de los años],” o sea los cambios de su cuerpo
con la vejez (Aproximaciones 191).
Finalmente, en el poema citada arriba, Rubén Darío habla de la juventud como un
tesoro. Al leer este poema, uno siente un poco triste por los amores fracasados
del autor. Si solamente fuera más joven, tendría más oportunidades por el amor.
Leyendo estas poemas por
primera vez, parece que los autores españoles e hispanoamericanos estiman mejor
la juventud que la vejez. Pero, ¿no debemos disfrutar la vejez así como la
juventud? Aunque tienen más años, los ancianos son personas, igual como los
demás.
Pienso que Sor Juana y Darío
entienden esto. Aunque el poema de Sor
Juana tal vez parece un poco negative al primero, creo que, con todo, la autor
tiene una actitud de aceptación. En realidad, se está burlando del cuadro que
se le ha hecho, y acepte su vejez sin vergüenza. En el poema de Darío también
hay esperanza en las últimas estrofas. La última línea de texto dice “¡Mas es
mía el Alba de oro!” (Aproximaciones
209). Parece que, aunque el autor ha sufrido pérdidos y ha tenido unas
experiencias negativas en su juventud, no es tan viejo que no pueda buscar el
amor aún.






