sábado, 13 de abril de 2013

Miel y Vinagre

“¿Cómo no? Sí, así de fácil ¿no? ‘Tengo nueve años y no sé hacer nada. ¿Me puede dar chamba?’ ¿Quién crees que va querer contratar a un niñito?”
(Ligiah Villalobos, La Misma Luna 1:03:25)

Lo interesante es que Carlitos sí consigue trabajo. ¿Cómo lo hace? Un adjetivo que yo usaría para describir a Carlitos es encantador. Siempre sale con el suyo. Es un niño muy simpático, y por eso, a la gente le cae bien. Justamente antes de esta escena, un grupo de mariachis hubo llevado a Carlitos y Enrique a Tucson. Tal vez les ofrecieron aventón solamente por causa de Carlitos. ¿Quién sabe? Pero seguramente a los mariachis les cayó mejor Carlitos que Enrique. Al entrar en el camión, Carlitos se presentó muy amistosamente. La banda cantó algo para Carlitos, pero ni escuchó a Enrique.

Me recuerda de algo que siempre decía un miembro de la iglesia en la misión dónde yo serví: “En la obra misional, una cucharada de miel vale más que una jarra de vinagre”. Con este dicho mi amigo quería decir que las personas te escuchan más y son más dispuestas de hacer lo que les dices si les hablas de una manera amigable y no tratas de forzarlos. Pienso que esto es cierto, y los misioneros que son sociables y amables tienen más éxito que los que son altivos. Este concepto también se demuestra en The Emperor’s New Groove.

Como podemos ver, la ardilla no quiso hablar a Yzma, pero estaba muy dispuesta de hablar con Kronk porque Kronk le hablaba más amablemente.

Carlitos y Enrique se ayudaron mutuamente, pero yo pienso que Carlitos ayudó más a Enrique. Con su encanto, Carlitos les consiguió un aventón y trabajo, y pienso que Carlitos también ayudó a Enrique a cambiar su corazón y hacerse menos egoísta. Así que el miel siempre triunfa del vinagre. 

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